Era la mayor de los cuatro hermanos que sobrevivieron a las duras condiciones que les impuso la vida. Su madre había tenido 13 partos pero solo sobrevivieron una hija y tres hijos. En aquellos tiempos, los niños tenían escasas posibilidades de llegar a la edad adulta. Las enfermedades acababan con la vida ya en la niñez. Ella siempre se acordó de su hermana mayor que murió a los 18 años.
Su vida fue muy dura. Su madre vivía en la que sería su casa durante la mayor parte de su vida. Su padre, en la casa donde yo nací, a escasos metros de la que sería su mujer. Él tuvo una infancia desdichada pues se quedó huérfano desde muy pequeño. Tenía un hermano. Una buena mujer se compadeció de ellos y los atendía. Con el tiempo, los dos vecinos se enamoraron y se casaron. Su hermano se casó con una hermana de ella.
Tanto el marido como la mujer eran muy trabajadores y en poco tiempo, ahorrando todo lo que podían, consiguieron comprar casas y fincas rurales para alimentar a sus hijos de forma que, cuando llegó la posguerra civil y, con ella, los años del hambre, a ellos no les afectó en demasía a pesar de que, según contaba, con el cambio del dinero republicano al dinero de los vencedores,los estafaron y les dieron lo que les vino en gana. Pudieron salir adelante. A ella la conocí poco, retengo imágenes fugaces; recuerdo su figura y algún que otro episodio, sobre todo su doloroso final tras una caída y después de pasar en cama varios meses. Cuando murió yo tenía poco más de 8 años. Con él tuve una relación mucho más intensa: me llevaba al campo, me contaba cuentos al calor de la lumbre (cuentos interminables por capítulos que había que continuar durante muchas noches; lamento no haberlos escrito: eran bellísimos pero mi memoria los ha pulverizado y solo recuerdo algunos retazos y lo bien que me lo pasaba escuchándolo atentamente). Era un hombre muy honrado. Lo quería mucho y lo recuerdo siempre. Cuando murió, yo no había cumplido los 11 años.
La única hija que les quedó era tan trabajadora como sus padres. Les acompañaba en todas las tareas del campo, sin quejarse nunca de las vicisitudes, a veces amargas, que le brindó su existencia. Tras la Guerra Civil se casó y tuvo cinco hijos. Sufrió mucho para sacarlos adelante. Ella lo hacía todo, poca ayuda recibió de nadie y, menos aún, reconocimiento. Procuré portarme con ella todo lo mejor que pude pero no siempre lo conseguí y es injusto porque me quería con locura: siempre recordaré sus besos y abrazos cuando yo subía la cuesta hacia la casa y ella, con los brazos abiertos me llamaba "¡ay mi hijo grande! Hubiera querido tenerla conmigo toda la vida a sabiendas de que no era fácil de sobrellevar, especialmente en sus últimos años. Esos años, postrada en una cama, debieron ser muy duros para ella pero apenas si se quejaba.
Murió cuando le faltaban unos meses para cumplir los cien años, cosa que habría ocurrido hoy 14 de abril. Era mi madre.
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