domingo, 29 de enero de 2023

Documentales que no debiéramos perdernos

1.- The act of killing. Sobre la dictadura indonesia:
2.- La sal de la Tierra:
3.- Wild wild country:
4.- El gafe:
5.- El silencio de otros:
6.- Grizzly man:
7.- Searching for sugar man:
8.- Home. Historia de un viaje:
9.- La salida por la tienda de regalos:
10.- Baraka:
11.- Koyaanisqatsi:
12.- Shoa. Sobre el exterminio de judíos. De 9 horas de duración:
13.- Tres minutos. Una exploración:
14.- Honey land:
15.- Black fish:
16.- Binta y la gran idea:
17: 180 grados:
18.- Vida y deuda en Jamaica:
19.- Colectiv:
20.- El espíritu del 45:
21.- Le fod de l'air est rouge. Duración: 3 horas:
22.- Stories we tell:
23.- Les glaneurs et la glaneuse:
24.- For Sama:
25.- Ascensión:
26.- Mea maxima culpa:
27.- La muert de Yugoslavia. Está en Youtube. 28. Makinbg a murderer:
29.- Capturing the Friedmans:
30.- Roger y yo. De Michael Moore. Está en Youtube. 31.- 4 elementos:
32.- La teoría sueca del amor:

sábado, 14 de abril de 2018

Otro siglo

Era la mayor de los cuatro hermanos que sobrevivieron a las duras condiciones que les impuso la vida. Su madre había tenido 13 partos pero solo sobrevivieron una hija y tres hijos. En aquellos tiempos, los niños tenían escasas posibilidades de llegar a la edad adulta. Las enfermedades acababan con la vida ya en la niñez. Ella siempre se acordó de su hermana mayor que murió a los 18 años.

Su vida fue muy dura. Su madre vivía en la que sería su casa durante la mayor parte de su vida. Su padre, en la casa donde yo nací, a escasos metros de la que sería su mujer. Él tuvo una infancia desdichada pues se quedó huérfano desde muy pequeño. Tenía un hermano. Una buena mujer se compadeció de ellos y los atendía. Con el tiempo, los dos vecinos se enamoraron y se casaron. Su hermano se casó con una hermana de ella.

Tanto el marido como la mujer eran muy trabajadores y en poco tiempo, ahorrando todo lo que podían, consiguieron comprar casas y fincas rurales para alimentar a sus hijos de forma que, cuando llegó la posguerra civil y, con ella, los años del hambre, a ellos no les afectó en demasía a pesar de que, según contaba, con el cambio del dinero republicano al dinero de los vencedores,los estafaron y les dieron lo que les vino en gana. Pudieron salir adelante. A ella la conocí poco, retengo imágenes fugaces; recuerdo su figura y algún que otro episodio, sobre todo su doloroso final tras una caída y después de pasar en cama varios meses. Cuando murió yo tenía poco más de 8 años. Con él tuve una relación mucho más intensa: me llevaba al campo, me contaba cuentos al calor de la lumbre (cuentos interminables por capítulos que había que continuar durante muchas noches; lamento no haberlos escrito: eran bellísimos pero mi memoria los ha pulverizado y solo recuerdo algunos retazos y lo bien que me lo pasaba escuchándolo atentamente). Era un hombre muy honrado. Lo quería mucho y lo recuerdo siempre. Cuando murió, yo no había cumplido los 11 años.

La única hija que les quedó era tan trabajadora como sus padres. Les acompañaba en todas las tareas del campo, sin quejarse nunca de las vicisitudes, a veces amargas, que le brindó su existencia. Tras la Guerra Civil se casó y tuvo cinco hijos. Sufrió mucho para sacarlos adelante. Ella lo hacía todo, poca ayuda recibió de nadie y, menos aún, reconocimiento. Procuré portarme con ella todo lo mejor que pude pero no siempre lo conseguí y es injusto porque me quería con locura: siempre recordaré sus besos y abrazos cuando yo subía la cuesta hacia la casa y ella, con los brazos abiertos me llamaba "¡ay mi hijo grande! Hubiera querido tenerla conmigo toda la vida a sabiendas de que no era fácil de sobrellevar, especialmente en sus últimos años. Esos años, postrada en una cama, debieron ser muy duros para ella pero apenas si se quejaba.

Murió cuando le faltaban unos meses para cumplir los cien años, cosa que habría ocurrido hoy 14 de abril. Era mi madre.

lunes, 28 de marzo de 2016

Fabricando jabón

Ayer estuvimos en el campo fabricando jabón.
La receta que seguimos fue la siguiente:
- 1 kg de NaOH.
- 6 L de aceite.
- 6 L de agua (incluido un litro de infusión de romero)..
- 3 hojas de áloe vera.
- Un palo largo para agitar la mezcla.

Procedimiento.-

1º.- Se abren las hojas de áloe vera y, con una cucharilla, se raspa el gel. Dicho gel se bate en la batidora y se guarda.

2º.- Se corta un puñado de los extremos de la planta del romero (cuanto más concentrada sea la disolución, mejor), se ponen en un cazo con agua y se calientan hasta que hierve para extraer la esencia. Debe haber un litro de agua conteniendo la esencia.

3º.- Se vierte agua en un barreño de plástico y se va agregando la sosa mientras se va removiendo con el palo para disolverla.

4º.- Cuando la disolución está más templada (la reacción es fuertemente exotérmica), se agrega el áloe vera batido y el litro de agua con la esencia de romero con el que se completan los seis litros de agua.

5º.- Se va agregando el aceite poco a poco mientras se va removiendo con el palo girando siempre en el mismo sentido.  Se sigue agitando la mezcla con el palo durante una hora y media. Al cabo de este tiempo, se observa que la masa se ha espesado: es el momento de verterla en moldes preparados al efecto.

6º.- Si se deja en el mismo recipiente, al cabo de 48 horas se da la vuelta al barreño y se corta en trozos que, separados entre sí, se dejan secar durante unos diez días. A partir de entonces, se puede usar.



sábado, 6 de junio de 2015

Cien años


"Hasta los catorce años, no supe lo que eran unos zapatos. Hasta entonces, andaba a talón", me dijo una vez.

Su vida fue muy dura: el mayor de cinco hermanos (dos niños y tres niñas), cuando murió su padre él solo tenía 20 años y su hermana menor, tres meses.

"Mi padre era una excelente persona; era muy bueno pero no tuvo suerte en su matrimonio y mi madre no se portó bien con él: ella era muy dominante. Yo saqué conclusiones de aquella injusta situación", me confesó en otra ocasión. No obstante, su madre fue una mujer valiente. Viuda, con los niños pequeños, no tuvo empacho en irse a la monda para sacar adelante a sus hijos, además de confeccionar ropa.

Un día antes de las elecciones que dieron el triunfo al Frente Popular, murió su padre (15-02-1936), y cinco meses más tarde, estalló la Guerra Civil. Él, por ser hijo de viuda, no esperaba ser llamado a filas, aunque pertenecía a la quinta del 36, tenía ya cumplidos los 21 años y era mayor de edad. El gobierno legal no lo reclutó pero, en cuanto llegaron los golpistas y dominaron la zona, tuvo que irse a la guerra.

Primero lo llevaron a Granada, a san Jerónimo, donde, en principio, no les prestaron ninguna atención teniendo que comer lo que podían coger por las calles. Eso sí: todas las mañanas venía un sujeto que decía ser sargento y les daba instrucción hasta dejarlos agotados hasta que se enteraron de que, en realidad, aquel no tenía ninguna graduación militar y lo único que quería era reírse de ellos. Una vez sabido esto, a la mañana siguiente, un compañero, que era vasco, cogió al supuesto sargento, lo levantó al aire y lo asomó por un balcón y le dijo a los otros compañeros:

- ¿Qué hago con él: lo tiro al patio o lo dejo vivir?

No volvió a molestarlos más.

Después vendrían los años duros de la guerra, que pasó en el frente de Madrid. No quería hablar de ella: la consideraba como lo peor que le puede ocurrir a un país. En una ocasión, me contó que un teniente de su compañía cayó herido y él, en medio de la balacera, fue a recogerlo y, con ello, le salvó la vida. Aquel gesto no lo olvidaría jamás el teniente.

Hubiera querido ascender a sargento pero un superior que lo estimaba le dijo:
- No te presentes al examen. Yo sé que lo vas a aprobar, porque es muy fácil, pero te van a mandar al Ebro y aquí estás más tranquilo.

Le hizo caso.

Acabada la guerra, regresó a su pueblo dispuesto a casarse pero no pudo lograr su objetivo: fue llamado de nuevo al ejército para servir en la cárcel de Granada. Las escenas que tuvo que contemplar allí le partían el corazón: gente presa sin otros motivos que los de haber sido leales a su patria, al gobierno republicano. 

Por fin, fue licenciado y se le ofreció por carta ingresar en la Guardia Civil. A él no le habría importado pero su novia se opuso pues no quería saber nada de los cuerpos armados.

Se casó y tuvo cinco hijos y, al igual que su madre, fueron dos niños y tres niñas. Lo que trabajó para sacar adelante a una familia tan numerosa en la España de la posguerra es digno del mayor encomio. Nunca tuvo domingos ni días de fiesta, fue un trabajador infatigable, todos los oficios del campo los dominaba.

Era un hombre inteligente (de los de su pueblo que fueron llevados a la guerra, él era el único que sabía leer y escribir), cariñoso con sus hijos pero muy recto y exigente cuando no hacíamos algo bien. La guerra le marcó el carácter en buena medida.

No es posible resumir mi relación con él. Nos quisimos profundamente. Fue la persona más importante de mi vida: su fe en mí fue infinita. Mi cariño hacia él, inefable.

Hoy hubiera cumplido cien años. Era mi padre.




miércoles, 24 de agosto de 2011

La Loma Maitena

La Loma Maitena se la dio mi bisabuela a mi padre hará ya 70 años. Era una colina bastante empinada y cubierta de matorral. Tan sólo había unos cuantos almendros de casta "malagueña". Con su esfuerzo, durante un invierno, arrancó las matas y la puso de almendros.

Hemos pasado muchos años recogiendo las almendras (daba hasta 30 sacos de 60 kg), en aquella loma, soportando calores intensos que se hacían más insoportables al oír el canto de las chicharras; imposible es describir los dolores de espalda al agacharnos, los pinchos clavados en los dedos, esa almendra que rueda por la pendiente y hay que bajar diez metros para recogerla, el agua que se gasta y hay que ir al barranco para llenar la calabaza... . Tiempos duros aquellos. Mi padre se iba el primero para varear los árboles; después, nos íbamos mis hermanas y yo, dejando a mi madre preparando la comida, que después traería cargando con ella bajo los inclementes rayos solares del mes de agosto.

Desde la cima de la loma se veían Ítrabo, Molvízar y el mar Mediterráneo. Siempre hacía fresco allí: por eso escogíamos ese lugar para comer (a la sombra de un almendro, junto al majano).

Muchos son los recuerdos que se agolpan en mi mente: he corrido por la loma en todas direcciones, he puesto trampas para pájaros mientras el gañán araba el terreno, me he subido en todos y cada uno de los árboles para varearlos. A los árboles, a la tierra, se termina por cogerles cariño porque tienen una parte de nuestra historia, de nuestro tiempo; por eso, cuando las máquinas han desfigurado la loma y amenazan con su completa destrucción, he querido despedirme de ella y el 15/08/2011 le hice mi última visita.

El vídeo muestra qué queda de ella, cómo le han arrancado sus entrañas para construir un tramo de la A-7.



El Mercaer de Arriba

Estaba separado de la Loma Maitena por el Camino de Chacón. Tenía un cortijillo, hecho de piedras y con el techo de vigas de pita, cañaveras y matas, donde hemos pasado más de un verano. Además, tenía una higuera blanca junto al camino, que utilizábamos siempre como hato, es decir, para comer al medio día, y otras higueras negras, blancas y vitorinas, donde las gallinas ponían los huevos.

El vídeo muestra en qué se ha convertido con el paso del tiempo.


sábado, 23 de julio de 2011

Aceitunas aliñadas

Este año, después de ver varias recetas, las he preparado así:

Receta nº 1:

1.- Se cogen las aceitunas y se machacan sobre una tabla con el fondo de una botella (en otro recipiente, he puesto las aceitunas rajadas con cuatro cortes). No se debe utilizar nada metálico en contacto con las aceitunas ni tocarlas con la mano.

2.- Echarlas en un recipiente, provisto de cierre hermético y cubrirlas con agua (si está exenta de cloro, mejor), cambiándole ésta cada 24 horas. Al cabo de 6 días, aproximadamente, habrán perdido el alpechín y, con él, el amargor.

3.- Aliñado.

Ir echando las aceitunas con una cuchara de madera en un recipiente de cristal o de plástico poniendo un lecho de aceitunas, sal, vinagre (hay que tener cuidado porque las ablanda), orégano, ajos, tomillo, laurel, comino molido, limas cortadas en trozos, hinojo y una hoja de algarrobo para que no se pongan blandas; otro lecho de aceitunas, otro de aliño y, así, hasta llenar el recipiente, terminando siempre con una capa de aliño.

4.- Cerrar el bote y agitar para que todo se mezcle bien. En pocos días se podrán comer.

Receta nº 2: Tratarlas con NaOH

Aquí hay una receta muy detallada.

Para 5 kilos de aceituna
125 g de sosa (cáustica)

Disolver la sosa en agua (cuidado con no quemarse, utilizar un palo largo) cuando ya no echa ese "fuego" se nota por el vapor, añadir las aceitunas (el agua debe cubrirlas), y remover.

Dejar 24 horas en el agua con la sosa. Pasadas éstas, tirar el agua con la sosa y efectuar los lavados, es decir hacer cambios de agua (ya sin sosa, limpia) cada 24 horas (puedes hacerlo más a menudo) cuando el agua está clara (ya no suelta el alpechín), ya se pueden aderezar, aunque todavía se nota un sabor un poco amargo pero éste desaparece con el aliño .
Hay veces que las puedes sacar antes vigilarlas que no se queden blandas.
Yó después les pongo un mortero de vinagre, orégano, pimentón, ajos machacados, laurel todo esto envuelto en un trapo para que no se quede por hay suelto que nó nos encontremos cosas y están riquísimas se pueden comer en dos dias.

Receta nº 3:

1.- Coger las aceitunas del árbol cuando ya empiecen a ponerse moradas.

2.- Se machacan las aceitunas, se echan en una olla, se cubren con agua y se ponen al fuego hasta que hierva durante un minuto.

3.- Se escurre el agua caliente y se enjuagan con agua fría varias veces hasta quitarles el amargor.

4.- Ya sin agua, se les agregan ajos machacados, sal y vinagre; se remueve todo y ya se pueden comer.